
Un proveedor pedía su concurso y él tenía avaladas dos líneas con su casa
Distribución de material de construcción · Sevilla · 8-8,5 M€ de facturación · 50-55 empleados
El punto de partida
Un distribuidor de material de construcción para reforma e industria, con tres almacenes y treinta años de historia.
La caída llegó en dos golpes. Primero, dos promotoras que le debían 900.000 € entraron en dificultades y estiraron los pagos de 90 a más de 200 días. Después, y con la caja ya tensa, la subida del coste de financiación encareció las pólizas que sostenían el circulante.
Cuando llamó, la situación tenía dos frentes abiertos a la vez.
Por un lado, un proveedor con 210.000 € impagados había presentado solicitud de concurso necesario. Si se admitía a trámite, la empresa perdía el control del proceso y la decisión pasaba al juzgado.
Por otro, el administrador había avalado personalmente dos líneas de crédito por 480.000 €, con su vivienda como garantía. Eso era lo que le quitaba el sueño, y no la empresa.
El nudo de la decisión
Había dos relojes corriendo y solo uno se podía parar.
El del proveedor era el urgente. Una solicitud de concurso necesario admitida a trámite cambia quién decide: a partir de ahí no se negocia un plan, se sufre un procedimiento. Y esa admisión podía llegar en cualquier momento.
El del aval era el que de verdad importaba para él. Y aquí estaba la parte que nadie le había explicado: el preconcurso protege a la sociedad, no a su avalista. Un aval personal no se paraliza, no se suspende y no se extingue por comunicar. Si la empresa dejaba de pagar esas dos líneas, el banco iba directamente contra su casa, con preconcurso o sin él.
Eso significaba que la comunicación resolvía el primer frente y no tocaba el segundo. El aval solo se podía liberar de una forma: negociándolo, dentro del plan, con la entidad que lo tenía.
Y para eso hacía falta llegar a esa mesa con algo que ofrecer. La empresa lo tenía y no lo había mirado: uno de los tres almacenes, el que menos rotaba, valía más vendido que operando.
Qué hicimos
Cómo acabó
El plan se firmó cuatro meses después de comunicar. La solicitud de concurso necesario nunca llegó a admitirse a trámite y el aval personal de 480.000 € quedó liberado.
La empresa opera con dos almacenes en lugar de tres, con menos estructura y con el circulante ajustado al volumen real.
El plan se cumple según calendario. La política de crédito a clientes se revisó por completo: ninguna promotora trabaja hoy sin cobertura de crédito, que es lo que faltaba cuando empezó todo. La casa del administrador nunca llegó a estar en riesgo real de ejecución. Pero durante cuatro meses lo estuvo sobre el papel, y esa es la parte que él recuerda del proceso.
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