
Llegó con la protección agotada y un mes para presentar concurso
Transformación de plástico · Girona · 6-6,5 M€ de facturación · 45-50 empleados
El punto de partida
Una empresa de transformación de plástico por inyección, proveedora de primer nivel para automoción y electrodomésticos, con veinticinco años de historia.
Dos años antes había perdido un programa de automoción que suponía el 30 % de su facturación, y había compensado la caída con deuda mientras buscaba clientes nuevos. Los encontró, pero tardó más de lo previsto y la deuda se acumuló por el camino.
Diez meses antes de llamarnos, otro asesor había comunicado el preconcurso. La protección de tres meses se agotó sin acuerdo, se prorrogó otros tres y volvió a agotarse. Cuando llegaron a Sanbla quedaban cuatro semanas del plazo de un mes para presentar concurso voluntario.
La empresa había vuelto a ser rentable ocho meses antes. Ese dato no había servido de nada.
El nudo de la decisión
El plan anterior no fracasó por los números. Fracasó por el perímetro.
Se había construido un plan que incluía a los once acreedores relevantes: tres entidades financieras, dos entidades de leasing, cuatro proveedores grandes, Hacienda y Seguridad Social. Sobre el papel parecía lo correcto, porque incluía a todo el mundo.
En la práctica era inviable. Cada acreedor tenía intereses distintos, garantías distintas y prioridades distintas. Conseguir mayorías en once frentes a la vez con seis meses de reloj era imposible, y así fue: seis meses de reuniones sin cerrar ninguna.
Al analizar el pasivo, el 78 % de la deuda financiera estaba concentrada en tres entidades. Los proveedores grandes cobraban al día y no habían pedido nada. Hacienda y Seguridad Social tenían aplazamientos vigentes que se estaban cumpliendo.
La decisión no era negociar mejor. Era negociar con menos gente. Un plan que afecta solo a tres acreedores necesita convencer a tres, y esos tres tenían además el mismo interés: que la empresa siguiera pagando algo, porque ejecutar garantías sobre maquinaria de inyección específica de un sector no les servía de nada.
Qué hicimos
Cómo acabó
No hubo concurso. El acuerdo se firmó con las tres entidades dentro del plazo, y la empresa continuó operando sin interrupción y sin que los proveedores llegaran a saber en qué punto había estado.
La carencia de dos años coincidió con la entrada en producción de los programas nuevos que se habían ganado, de modo que la caja libre llegó cuando hacía falta.
El plan se cumple sin desviaciones y la empresa ha recuperado el nivel de facturación previo a la pérdida del programa de automoción. Los seis meses de protección que se habían agotado no se recuperan. Ese es el coste de haber negociado con once acreedores en lugar de con tres.
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