
Un cliente entró en concurso y se llevó por delante 620.000 € de facturas
Instalaciones eléctricas · Valencia · 4-4,5 M€ de facturación · 35-40 empleados
El punto de partida
Una empresa de instalaciones eléctricas para obra industrial, con veinte años de historia, cartera de constructoras y promotoras y un negocio que hasta ese momento no había dado ningún susto.
En marzo, su segundo cliente por volumen entró en concurso de acreedores. Se llevó por delante 620.000 € en facturas emitidas y trabajos ya ejecutados pendientes de certificar.
La empresa era rentable. Lo que no tenía era colchón para absorber un agujero de ese tamaño de golpe. Con los vencimientos bancarios de los siguientes cuatro meses y la nómina de julio por delante, los números dejaban de cuadrar en septiembre.
Llamaron en abril, tres semanas después de enterarse.
El nudo de la decisión
Todavía no había impagos. Ese era el activo más valioso de la situación y estaba a punto de perderse.
La empresa estaba al corriente con bancos, proveedores y administraciones. Podía seguir estándolo cuatro meses más. Después, no.
La reacción habitual en ese punto es esperar: intentar cobrar algo del concurso del cliente, buscar obra nueva que compense y ver si se remonta. El problema es que esperar a septiembre significaba llegar a la negociación con impagos ya acumulados, y una empresa que negocia con impagos encima no negocia: acepta.
La ley permite comunicar el preconcurso en probabilidad de insolvencia, y esa era exactamente la situación: era previsible que en los meses siguientes no pudiera atender sus obligaciones si no se reestructuraba la deuda. No hacía falta esperar a dejar de pagar.
Comunicar en abril, estando al corriente, cambiaba quién tenía la razón en la mesa. Las entidades no estaban ante un cliente que había fallado: estaban ante un cliente solvente al que le había fallado otro.
Qué hicimos
Cómo acabó
El plan quedó homologado en el quinto mes, antes de que se agotara la primera prórroga de la protección y antes de que la empresa incurriera en ningún impago.
La quita y la carencia liberaron la caja suficiente para absorber el agujero del cliente concursado sin tocar plantilla ni reducir actividad.
La empresa cumple el calendario del plan sin desviaciones. Se ha incorporado una política de concentración de riesgo por cliente que antes no existía: ningún cliente puede superar el 15 % de la facturación sin cobertura de crédito. Del concurso del cliente que originó todo se ha recuperado una parte mínima, como suele pasar. Para entonces ya daba igual.
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