
Llenaba el hotel todo el verano y no llegaba a febrero
Hotelería · Girona · 3,5-4 M€ de facturación · 35-40 empleados
El punto de partida
Un hotel de costa de tres estrellas superior, familiar, con setenta habitaciones y treinta y cinco años de historia. Ocupación por encima del 90 % de junio a septiembre, precio medio en línea con su categoría y una reputación online sólida.
El problema llegaba siempre en el mismo momento. En noviembre la caja empezaba a estrecharse y en enero había que tirar de póliza de crédito para cubrir nóminas y proveedores hasta Semana Santa. Llevaban once años haciéndolo.
Cuando llamaron, la situación se había apretado: dos entidades habían reducido el límite de sus pólizas en la última renovación, quedaban cuatro meses de temporada baja por delante y las cuentas no daban para llegar sin al menos una de las dos.
No era una empresa en crisis. Era una empresa rentable con un calendario que no cuadraba.
El nudo de la decisión
La conversación con la que llegaron era la equivocada. Querían que les ayudáramos a conseguir una ampliación de póliza.
El problema no era de límite de crédito, era de estructura. El hotel había financiado tres reformas importantes —habitaciones, cocina y piscina— con deuda a corto y con la caja del verano. Cada inversión de ocho o diez años de vida útil se estaba pagando en doce o dieciocho meses.
De ahí venía todo. La caja de la temporada alta no se quedaba en la empresa: se iba en amortizar inversiones que deberían estar repartidas en el mismo plazo que duran. Y en invierno no quedaba colchón, así que hacía falta la póliza. Cada año igual.
Ampliar la póliza habría resuelto ese invierno y garantizado el mismo problema al siguiente.
La segunda parte del diagnóstico era el calendario. El hotel cerraba de noviembre a marzo con la plantilla fija cobrando, sin ningún ingreso durante cinco meses. Nadie se había planteado si el cierre completo era la única opción.
Qué hicimos
Cómo acabó
La refinanciación se cerró cinco meses después del primer análisis, antes de que hiciera falta renovar ninguna póliza.
La ocupación media anual pasó del 48 % al 62 %, no porque suba el verano —ya estaba lleno— sino porque los cinco meses que estaban a cero ahora aportan.
Y el resultado que más pesaba para la propiedad: fue el primer invierno en once años sin tirar de póliza de crédito.
La apertura de invierno se ha consolidado y ha crecido a cinco días por semana en febrero y marzo. La previsión de tesorería es la herramienta con la que se decide cada inversión: la reforma de la recepción, que estaba prevista para este año, se ha aplazado a que la financiación esté cerrada antes de empezar la obra.
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