El punto de partida
El restaurante servía una carta de 54 platos con ingredientes poco compartidos. Las compras se hacían con estimaciones del fin de semana y parte del producto terminaba sin utilizar.
Un restaurante llenaba mesas con poco margen. Simplificó la carta y ajustó compras: el coste de alimentos bajó del 37 % al 32 %, sin ampliar capacidad.
Ejemplo ilustrativo: el escenario y las cifras son ficticios y sirven para explicar cómo se aborda este tipo de decisión. No corresponde a un expediente de Sanbla.

El restaurante servía una carta de 54 platos con ingredientes poco compartidos. Las compras se hacían con estimaciones del fin de semana y parte del producto terminaba sin utilizar.
Antes de ampliar capacidad se revisaron escandallos, desperdicio y preparación. Se decidió reducir la carta a 32 platos, conservar los de mayor demanda y modificar los que ocupaban cocina sin aportar margen suficiente.
Tras tres meses completos con la nueva carta, el coste de alimentos consumidos bajó al 32 % de las ventas de comida. La comparación se hizo con el mismo criterio de consumo y sin incluir bebidas.
El restaurante servía una carta de 54 platos con ingredientes poco compartidos. Las compras se hacían con estimaciones del fin de semana y parte del producto terminaba sin utilizar. La ocupación era alta, pero la caja no mejoraba.
El coste de alimentos consumidos representaba el 37 % de las ventas de comida. La dirección planteaba añadir mesas y contratar más personal.
Antes de ampliar capacidad se revisaron escandallos, desperdicio y preparación. Se decidió reducir la carta a 32 platos, conservar los de mayor demanda y modificar los que ocupaban cocina sin aportar margen suficiente.
Se actualizó el coste por ración con cantidades reales y precios de compra. Se separaron invitaciones, desperdicio y producto consumido para que el indicador fuera comparable.
Los pedidos se vincularon a reservas y consumos históricos. Los ingredientes compartidos entre platos redujeron las referencias que se abrían para pocas raciones.
El cambio se probó durante seis semanas. Se siguieron ventas, devoluciones de platos y tiempo de salida para evitar trasladar el ahorro a una peor experiencia.
El resultado
Tras tres meses completos con la nueva carta, el coste de alimentos consumidos bajó al 32 % de las ventas de comida. La comparación se hizo con el mismo criterio de consumo y sin incluir bebidas.
El restaurante mantuvo su capacidad y aplazó la ampliación. La mejora del margen de comida ayudó al resultado, aunque alquiler y personal seguían condicionando el beneficio total.
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