
Catorce meses quemando caja y cuatro de tesorería por delante
Tecnología · Madrid · 250-500 K€ de facturación · 5-10 empleados
El punto de partida
Dos socios fundadores de una plataforma de software para el sector inmobiliario llevaban catorce meses quemando caja sin alcanzar el punto de equilibrio. Habían puesto 180.000 € de capital propio entre los dos, tenían una línea de crédito de 50.000 € con aval personal compartido y una plantilla con contratos indefinidos.
El producto funcionaba. El mercado no respondía al ritmo que la tesorería necesitaba.
No estaban en crisis. Los números decían que en cuatro o cinco meses se quedarían sin caja, y vinieron precisamente por eso: no porque estuvieran al borde, sino porque no querían llegar a estarlo.
El nudo de la decisión
La decisión no era obvia, y los socios no estaban de acuerdo. Uno quería pivotar el producto. El otro quería cerrar limpio.
Tenían argumentos para intentarlo: producto terminado, doce clientes activos y unos 4.200 € de ingreso recurrente mensual. La tentación era buscar una ronda de inversión o un comprador.
Los números decían que ninguna de las dos opciones llegaba a tiempo. Una ronda tarda más de lo que aguantaba esa tesorería. Y un comprador para una plataforma con ese nivel de ingreso recurrente no iba a pagar lo suficiente como para cubrir lo invertido.
Lo que sí permitían los cuatro meses de caja restantes era cerrar pagando a todo el mundo. Esa era la ventana, y se iba a cerrar sola.
Qué hicimos
Cómo acabó
La empresa cerró antes de entrar en números rojos. Todos los empleados cobraron su liquidación completa, los clientes se migraron sin incidencias y la línea de crédito se canceló sin coste adicional.
Un socio se incorporó como responsable técnico en otra empresa tres meses después. El otro lanzó un proyecto nuevo en el mismo sector seis meses más tarde, esta vez con estructura financiera desde el primer día. Ninguno de los dos arrastró deuda ni compromisos del cierre.
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