Lo que cuesta en plantilla
Un director financiero con experiencia real, capaz de negociar con bancos, montar un cuadro de mando y sentarse en un comité con criterio, se mueve en España entre 55.000 y 90.000 euros brutos al año según ciudad, sector y tamaño de empresa. Con Seguridad Social a cargo de la empresa, entre 72.000 y 118.000 de coste total.
A eso hay que sumar lo que no se ve: el tiempo de selección, el riesgo de equivocarse en la contratación, la indemnización si no funciona y el hecho de que una sola persona tiene un solo criterio y unos solos años de experiencia.
Para una empresa de 8 o 10 millones de facturación es una inversión razonable. Para una de 2, es más del 4 % de la facturación en una sola nómina.
Lo que cuesta externo
Una dirección financiera externa se contrata por cuota mensual fija, y esa cuota depende del alcance: cuántas líneas de negocio hay que seguir, cuántas entidades financieras hay que gestionar, cuánta complejidad tiene el reporting.
Para una pyme entre 1 y 5 millones de facturación, lo habitual es que la cuota anual quede entre un 25 y un 40 % de lo que costaría la misma función en plantilla. Y lo que se contrata no es una persona sino una firma: con varias cabezas, con casos parecidos ya vistos, y sin el riesgo de que se vaya.
Aquí conviene ser claro sobre una cosa que a veces se vende mal. No se compran días de dedicación de alguien. Se contrata que la función exista: que cada mes haya cierre, cuadro de mando, previsión de tesorería y comité, y que cuando aparezca una decisión grande alguien la analice antes de que se tome.
Lo que cuesta no tenerlo
Esta es la parte que no aparece en ninguna comparativa de precios y es la que más pesa.
Una ingeniería que acompañamos, con 1,6 millones de facturación, tenía un margen medio del 8 %. Cuando se desglosó por tipo de proyecto, los de eficiencia energética daban un 22 % y los de mantenimiento un 2 %. Llevaba años dedicando el mismo esfuerzo a los dos. Con ese dato, la redirección comercial hacia los proyectos de alto margen llevó el margen global al 14 % en dieciocho meses. Seis puntos sobre 1,6 millones son casi 100.000 euros al año.
Nadie había mirado el margen por tipo de proyecto porque no había nadie cuyo trabajo fuera mirarlo. Ese es el coste de no tener la función: no es lo que se paga, es lo que se deja de ganar sin saberlo.
Y hay un segundo coste, más difícil de cuantificar: las decisiones que se toman sin datos y que salen mal. Un contrato que se firma y no cubre coste. Una inversión que se hace y ahoga la caja. Una contratación que no hacía falta. Cada una de esas cuesta más que un año de dirección financiera.
A partir de qué facturación compensa
La cifra que usamos como referencia es 250.000 euros de facturación anual. Por debajo de eso, las decisiones son pocas y reversibles, y una buena gestoría con un empresario atento suele bastar.
Por encima, el cálculo es simple. Si la empresa factura 1 millón y una dirección financiera externa cuesta en torno a 20.000 al año, con que recupere dos puntos de margen ya se paga. Y dos puntos de margen es lo mínimo que aparece cuando por primera vez se mide rentabilidad por cliente, por línea o por proyecto.
Entre 250.000 y 1 millón el retorno es igual de claro pero el alcance del servicio es menor, así que la cuota también. Entre 1 y 10 millones es donde la función tiene más efecto, porque hay suficiente complejidad para que aparezcan cosas y suficiente margen para que corregirlas se note.
El umbral no es de tamaño, es de decisiones
Hay empresas de 400.000 euros que necesitan dirección financiera y empresas de 3 millones que todavía no. La diferencia no es la facturación: es cuántas decisiones con consecuencias se toman al año.
Abrir un centro, contratar a cinco personas, comprar una máquina de 150.000 euros, firmar un contrato que compromete un tercio de la capacidad. Cada una de esas es una decisión que se toma una vez y tarda un año en verse si fue buena. Si en tu empresa hay más de tres o cuatro de esas al año, el coste de tomarlas a ciegas supera el de tener a alguien que las analice.
Cuándo tiene sentido pasar de externo a plantilla
Cuando la empresa crece lo suficiente como para que la función necesite presencia diaria: normalmente por encima de los 10 millones, o antes si hay varias sociedades, varios países o una estructura de financiación compleja.
En ese punto, una dirección financiera externa bien hecha deja montado lo que ese fichaje necesita para entrar: cuadro de mando, previsión, circuito de información con la gestoría, histórico de decisiones. La transición es limpia y la persona que llega no empieza de cero.
Hasta entonces, la pregunta no es si se puede pagar un director financiero. Es cuánto está costando no tenerlo.
Un director financiero no es un gasto que se pueda permitir una empresa grande. Es lo que hace que una empresa mediana no tome a ciegas las decisiones que la convierten en grande o en pequeña.
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