Qué es el EBITDA y por qué se usa
EBITDA es el beneficio antes de intereses, impuestos, amortizaciones y depreciaciones. Dicho de forma útil: lo que gana el negocio con su actividad, antes de que entren en juego cómo está financiado, cómo tributa y cómo está contabilizada la inversión en activos.
Se usa porque permite comparar. Dos empresas del mismo sector pueden tener beneficios netos muy distintos por tener deuda distinta o amortizaciones distintas, y sin embargo ganar lo mismo con lo que hacen. El EBITDA elimina ese ruido.
Por eso es la cifra sobre la que un banco calcula capacidad de repago y sobre la que un comprador aplica un múltiplo para valorar. Un múltiplo de cuatro sobre un EBITDA de 500.000 son dos millones. Sobre un EBITDA de 600.000, son 2,4. La diferencia entre las dos cifras de EBITDA puede ser solo un ajuste bien hecho.
Por qué el contable no es el real
Porque la contabilidad de una pyme refleja decisiones que no tienen que ver con el negocio.
El empresario se paga un sueldo por debajo de mercado, o muy por encima. El coche de la empresa lo usa la familia. Hay un alquiler de una nave que es del propio socio y se paga a un precio que no es el de mercado. Un año hubo una indemnización extraordinaria, o una subvención, o la venta de un activo. Todo eso está en la cuenta de resultados y todo eso distorsiona lo que el negocio gana de verdad.
El EBITDA ajustado es el ejercicio de quitar lo que no es del negocio y añadir lo que falta, para llegar a la cifra que un tercero pagaría o financiaría.
Lo que se quita
Gastos personales imputados a la empresa. Vehículos de uso privado, viajes, seguros, teléfonos de familiares. Es lo más frecuente y lo más fácil de justificar, porque un comprador no va a heredar esos gastos.
Extraordinarios. Una indemnización por un despido puntual, un litigio que se cerró, una reparación por un siniestro. No se repiten, así que no forman parte del negocio recurrente.
Sueldos por encima de mercado. Si el fundador cobra 150.000 y el puesto vale 70.000, la diferencia se ajusta, porque el comprador va a pagar 70.000 a quien le sustituya.
Alquileres entre partes vinculadas fuera de mercado. Si la empresa paga a una sociedad del socio 3.000 al mes por una nave que vale 5.000, el ajuste va en contra: hay que sumar 2.000 de coste real.
Lo que se suma
Sueldos por debajo de mercado. El caso contrario y también común: el fundador se paga 30.000 por un puesto que vale 70.000. Un comprador tendrá que pagar los 70.000, así que el EBITDA real es 40.000 menor.
Costes que la empresa no tiene y debería tener. Un seguro que falta, un mantenimiento que no se hace, una función que cubre el socio gratis y que habría que contratar.
Ingresos recurrentes que la contabilidad no recoge bien. Contratos plurianuales facturados de golpe, ingresos diferidos, trabajos ejecutados pendientes de certificar.
Lo que no se puede ajustar
Aquí es donde un ajuste deja de ser un ajuste y empieza a ser maquillaje. Un comprador o un banco con experiencia lo detecta y, cuando lo detecta, deja de fiarse del resto.
No se ajusta un gasto que va a seguir existiendo aunque cambie el propietario. No se ajusta una pérdida diciendo que fue extraordinaria si se ha repetido dos años. No se suma un ingreso que se espera pero no existe. Y no se ajusta el sueldo del fundador a la baja si el fundador es quien lleva la relación con los clientes: en ese caso, lo que hay que ajustar es el negocio.
La regla es simple: cada ajuste tiene que poder explicarse en una frase y sostenerse con un documento. Si no, no se hace.
Por qué importa tanto un 10 %
En una empresa de packaging que acompañamos en su venta, el EBITDA contable era de 570.000 euros y el ajustado, tras eliminar gastos personales y extraordinarios, de 620.000. Un 9 % de diferencia.
Ese 9 % se multiplica. A 4,3 veces, que fue el múltiplo al que se cerró, son 215.000 euros de precio. Y no es dinero que aparezca de la nada: es dinero que ya estaba en el negocio y que la contabilidad no dejaba ver.
Con un banco pasa lo mismo en sentido contrario. Si pides refinanciar con un EBITDA contable que incluye 40.000 de gastos personales, estás presentando una capacidad de repago menor de la que tienes. Y la cuota que te concedan será más corta, o más cara, o ninguna.
Cómo se hace bien
Se parte de tres ejercicios, no de uno, para distinguir lo recurrente de lo puntual. Se revisa partida a partida con la contabilidad delante y con el empresario al lado, porque él sabe qué es cada cosa. Y cada ajuste se documenta: qué se quita, por qué y con qué justificante.
El resultado es un EBITDA que se puede defender en cualquier mesa. Y esa es la utilidad real del ejercicio: no es una cifra más alta, es una cifra que aguanta preguntas.
Antes de vender, de pedir financiación o simplemente de saber cuánto gana tu empresa, conviene tener el EBITDA ajustado. El contable dice lo que declaras. El ajustado dice lo que vales.
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