Beneficio y caja no son lo mismo
Una empresa puede cerrar el año con beneficio y no tener con qué pagar la nómina de enero. No es una contradicción contable: es la diferencia entre lo que la empresa gana y cuándo lo cobra frente a cuándo tiene que pagar.
El beneficio se calcula repartiendo el coste de una inversión a lo largo de su vida útil. Una máquina de 200.000 euros que dura diez años carga 20.000 al año contra el beneficio. Pero la caja no funciona así: la caja paga lo que el banco pida, cuando el banco lo pida.
Si esa máquina se financia con un préstamo a diez años, caja y beneficio van más o menos de la mano. Si se financia con una póliza a un año, o con un préstamo a dieciocho meses, la empresa está sacando de caja 100.000 euros al año por algo que en la cuenta de resultados aparece como 20.000.
Esa diferencia de 80.000 es el agujero. Y no aparece en ningún sitio.
Cómo se produce el desajuste
Nadie decide financiar mal una inversión. Ocurre por acumulación.
Hace falta una máquina, una reforma o una flota nueva. Hay caja porque el año ha ido bien, así que se paga una parte con caja y el resto con lo que el banco ofrece rápido, que casi siempre es una póliza o un préstamo corto. Al año siguiente hace falta otra cosa, y se repite. Al tercer año hay tres inversiones de larga vida pagándose a corto, y la caja del verano, o del buen trimestre, ya no se queda en la empresa: se va en amortizar.
Lo vimos en un hotel de costa con tres reformas importantes, habitaciones, cocina y piscina, financiadas de esa manera. Cada inversión de ocho o diez años de vida útil se estaba pagando en doce o dieciocho meses. Por eso llevaba once años tirando de póliza de crédito cada invierno. No era un negocio malo: era un calendario que no cuadraba.
Por qué no se ve hasta que duele
Porque la cuenta de resultados dice que todo va bien. Y va bien. La empresa es rentable, la inversión era buena y el negocio funciona.
Lo que no cuadra es el ritmo, y el ritmo no está en ningún estado financiero. Está en la previsión de tesorería, que la mayoría de pymes no hace. Así que el problema se manifiesta de la única manera en que puede manifestarse: como una tensión de caja recurrente que se resuelve cada vez con más deuda corta, lo que a su vez agrava el desajuste.
Es un círculo. Y desde dentro parece que la empresa necesita más financiación, cuando lo que necesita es financiación distinta.
Cómo saber si te está pasando
Tres preguntas.
¿Hay inversiones de los últimos cuatro o cinco años que se hayan pagado, o se estén pagando, en menos de tres? Si la respuesta es sí, ahí hay una parte del problema.
¿La empresa tira de póliza de crédito de forma recurrente, en la misma época cada año? Una póliza es para picos puntuales. Si se usa todos los años en el mismo momento, está financiando algo estructural.
¿El beneficio del ejercicio es razonable y aun así la caja de final de año es menor que la del año anterior? Esa es la firma del desajuste: la empresa gana y la caja baja.
Cómo se corrige
Alineando el plazo de la deuda con la vida útil de lo que financió. Es más sencillo de lo que parece, porque el banco suele aceptarlo con facilidad: alargar plazo no le cuesta dinero y reduce su riesgo.
La operación habitual es consolidar la deuda a corto que financió inversiones en un préstamo a cinco, siete o diez años, según el activo. En el caso del hotel, 1,4 millones de deuda a corto pasaron a un préstamo a cinco años con las garantías del propio inmueble. La cuota mensual bajó un 44 %. Ese invierno, por primera vez en once años, no hizo falta la póliza.
Conviene hacerlo antes de que la tensión se convierta en impago, porque después la conversación con el banco cambia de naturaleza. Y conviene hacerlo con una previsión de tesorería a doce meses delante, para que el nuevo calendario cuadre de verdad y no sea otra tirita.
Lo que no se puede corregir
Alargar la deuda no arregla un negocio que no es rentable. Si el problema es de margen, cambiar el calendario de pago solo pospone el momento en que se hace visible.
Por eso lo primero es saber cuál de las dos cosas está pasando. Una empresa rentable con deuda mal estructurada se arregla con una refinanciación bien hecha. Una empresa con margen insuficiente y deuda mal estructurada necesita las dos cosas, y en un orden concreto: primero el margen, después la deuda. Al revés, se financia el problema.
Si tu empresa gana dinero y nunca tiene caja, antes de pedir más financiación conviene mirar cómo está estructurada la que ya tienes. La respuesta suele estar ahí.
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