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Preconcurso de acreedores

Preconcurso y confidencialidad: quién se entera y quién no

La primera pregunta de casi todo empresario que se plantea un preconcurso no es cuánto dura ni qué protege. Es si se van a enterar sus clientes. La respuesta corta es que depende de cómo se presente. La larga, aquí.

Macarena Arévalo· Abogada concursal · 8 min de lectura

Por qué es la pregunta que más frena

Una empresa que sigue operando con normalidad vive de su reputación con clientes y proveedores. Si un proveedor sospecha que hay problemas, acorta el plazo de pago o deja de servir. Si un cliente lo sospecha, busca alternativa antes de que le falle el suministro.

Por eso muchos empresarios retrasan el preconcurso hasta que ya no tienen opción: prefieren aguantar a que se sepa. Y así llegan tarde a un instrumento que está diseñado precisamente para no tener que llegar tarde.

La ley lo tiene previsto, y el mecanismo se llama carácter reservado.

El carácter reservado

Cuando se presenta la comunicación de apertura de negociaciones, el deudor puede solicitar que se tramite con carácter reservado. Si el juzgado lo acepta, la comunicación no se publica en el Registro Público Concursal.

Eso significa que no aparece en ninguna consulta pública. Un proveedor que revise la situación de la empresa en los registros habituales no encuentra nada. Un cliente que pida informes comerciales, tampoco.

Es la opción habitual cuando la empresa sigue en actividad y quiere negociar con sus acreedores financieros sin que la operativa comercial se vea afectada. Y es la que recomendamos casi siempre en esa situación, salvo que haya un motivo concreto para hacerlo público.

Quién se entera necesariamente

Los acreedores con los que se negocia. Eso es inevitable, porque el plan se negocia con ellos.

Si el plan incluye a tres entidades financieras, esas tres saben que hay un preconcurso. Si incluye a Hacienda o a la Seguridad Social, también. Y cualquier acreedor cuyo crédito quede afectado por el plan tiene derecho a conocer el proceso, porque va a votar sobre él.

Lo que la reserva protege no es la negociación: es todo lo que queda fuera de ella.

Quién no tiene por qué enterarse

Los proveedores comerciales, si se dejan fuera del perímetro del plan y se siguen pagando en sus condiciones. Es la decisión más frecuente y, cuando la empresa puede permitírsela, la más sensata: el suministro no se interrumpe y nadie en la cadena percibe un cambio.

Los clientes, que no son acreedores y no participan en nada.

Los empleados, salvo que el plan incluya medidas que les afecten directamente.

La competencia, que solo se enteraría por los registros públicos o por rumor.

En una imprenta con la que trabajamos, el plan afectaba solo a tres entidades financieras. Se presentó con carácter reservado, las tres firmaron en dos meses y ninguno de sus clientes ni de sus proveedores supo nunca que hubo un preconcurso. Un año después, seguían sin saberlo.

Lo que sí sale de la empresa

Conviene ser honesto con lo que la reserva no cubre.

Los acreedores que negocian pueden hablar. Un banco no va a publicar nada, porque tampoco le interesa, pero dentro de la propia entidad la información circula: el gestor de la oficina, el departamento de riesgos, el comité. Eso no suele tener consecuencias fuera, pero existe.

Si el plan acaba en homologación judicial, la homologación sí se publica, porque es una resolución que afecta a terceros. Aunque en ese momento el acuerdo ya está cerrado, y lo que se publica es que la empresa ha reestructurado su deuda con éxito, que es una noticia muy distinta a que está en preconcurso.

Y si el preconcurso termina sin acuerdo y hay que presentar concurso, el concurso es público desde su declaración. Ahí la reserva se acaba.

La diferencia con el concurso

Un concurso de acreedores es público por definición. Se publica en el Registro Público Concursal, en el Boletín Oficial del Estado, y aparece en cualquier informe comercial. Proveedores, clientes, competencia y cualquier persona que quiera saberlo, lo sabe.

Esa es una de las razones por las que el preconcurso existe: permite intentar resolver el problema en un espacio protegido antes de que sea público. Si la negociación funciona, nadie fuera de ella llega a saber que hubo un problema. Si no funciona, la empresa llega al concurso con el trabajo hecho y las negociaciones documentadas, pero ya sin reserva.

Cómo se gestiona en la práctica

Tres decisiones que se toman al principio y que determinan cuánto se sabe.

El perímetro. Cuantos menos acreedores estén dentro del plan, menos personas conocen el proceso. Si el pasivo financiero está concentrado en pocas entidades, dejar fuera a proveedores y administraciones reduce el círculo a esas pocas.

El momento. Cuanto antes se comunique, más fácil es mantener la reserva, porque la empresa sigue al corriente y no hay señales externas de problema. Una empresa con impagos ya acumulados tiene proveedores que sospechan antes de que se presente nada.

La comunicación interna. Dentro de la empresa, quién sabe qué. Lo habitual es que lo sepan la dirección y la persona que lleva la administración, y nadie más hasta que haga falta.

Bien gestionado, un preconcurso es un proceso del que solo saben quienes se sientan a la mesa. Ese es el diseño del instrumento, y es lo que lo hace utilizable para una empresa que sigue funcionando.

El miedo a que se sepa es lo que hace que muchos empresarios lleguen tarde. La ley prevé que no se sepa. Lo que hace falta es usarla a tiempo.

Cómo acompañamos un preconcurso de acreedores →
MAMacarena ArévaloAbogada concursal**Macarena Arévalo** · Abogada concursal Trabaja en los procedimientos concursales. Se ocupa de la preparación de la documentación, del seguimiento del procedimiento y de la parte laboral cuando el caso la tiene.Ver perfil →
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